sábado, 21 de noviembre de 2009

Seamos hipócritas





El otro día en clase, mientras estaba distraída, me vino a la mente lo indudablemente hipócrita que es la sociedad en la que vivimos.

Aunque pretendamos no serlo.

Se nos llena la boca hablando de cómo deberían ser las cosas, de que habría que cambiar las reglas. De dar igualdad de oportunidades, de no juzgar por las apariencias...
A la hora de la verdad, en general, nadie mueve un dedo.

Es triste vivir rodeados de "eso".
Es depravante pensar que cada día somos juzgados por nuestro aspecto, por un gesto que no hemos controlado, por una frase mal dicha... Lo "mejor" del asunto es que es muy probable que al día siguiente, un montón de personas hayan comentado y sacado pelos a todo ello, y delante de nosotros se comportan como si fuesen nuestros mejores amigos, dejando el puñal en nuestra espalda.

A veces pienso en que será del día de mañana, cuando los jóvenes nos presentemos a nuestra primera, segunda... entrevista de trabajo, con los nervios a flor de piel y solo estemos pensando: "Trata de dar buena impresión". De hecho, en la mayoría de los casos será así. No estaremos pensando algo así como: "Confío en mi mismo, mi carrera me permite acceder al trabajo que yo elija".
Lo más probable es que antes o después de ti haya llegado el hijo de un amigo, un cliente, o un conocido del jefe, y sólo basta con que de "buena impresión" para que el puesto que tu querías, sea suyo, aunque tu seas mas competente que él.
Si no sirve este ejemplo, seguro que se puede encontrar otro que encaje mejor en tu cabeza.
(Y sé que esto es muy extremista, pero me rijo por la ley de Murphy).

¿Dónde está la igualdad de oportunidades?
Creo que en ninguna parte.


También es muy curioso observar a la gente por la calle.
Si tú ves a un chico de aproximadamente 14-15 años vestido de chándal, ¿qué piensas?
Lo más probable es que en tu mente no se desate nada. Es un chaval a fin de cuentas.
Si en vez de ser el chico, es un hombre (o una mujer) de unos 30-35 años, la cosa cambia.
Si te encuentras cerca de algún parque o una zona donde es frecuente encontrar personas corriendo, no pasa nada. Si ese hombre (o mujer) no se encuentra cerca... pensarás mal. Y si está un poco sucio/a, tal vez pienses que es un desempleado; que no hace nada, por lo que es un vago; o incluso un drogadicto o un alcohólico.
¿Me equivoco?

Si no es por el aspecto, seremos juzgados por nuestros actos; si no, por nuestras pertenencias o por aquello de lo que hacemos alarde... ¡O por todo ello!

Todo esto, a mi opinión es terrible.
No nos damos cuenta, pero cada día nos levantamos con una losa a la espalda que nos previene para dar esa "buena impresión". Ese algo que hace que pasemos de ser nosotros, a ser otro. Quizá esa persona que deseamos ser, o tal vez aquella a la que odiaríamos.
Estamos rodeados de personas que no son lo que parecen, amigos en los que tal vez confiamos, ¿no es un caos?

Con lo sencillo que resultaría levantarte por las mañanas y pensar, "Tengo unos amigos en los que confío plenamente y me he rodeado de personas que sé que en verdad me interesan"
Me encanta poder pensar así.


Pero, el caso es que, al final, se acaba siendo hipócrita hasta con uno mismo.

¡Pasad una buena semana!

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